lunes, 15 de julio de 2013
Puede que sea preciso viajar antes de saber cuál es la meta adecuada para nosotros.
Célebres escritores como Antonio Machado establecían una metáfora entre la vida y el camino. Y ciertamente, no se equivocaban. Nosotros acabamos por cosificar nuestras vidas hasta el grado de poder compararlas con un objeto; porque un camino, sea de tierra, de barro o de piedra no es más que eso, una simple cosa. Como él decía: "se hace camino al andar". Y es que todas y cada una de nuestras experiencias van construyendo nuestro camino. Cada uno diferente a los demás, unos rectos y llanos, quizás en exceso; otros más curvos y más empinados o con más piedras. Pero después de andar y andar, llega un momento en el que el cansancio se hace dueño de nuestros cuerpos, y por muy diferentes que hayan sido las formas o métodos utilizados para su construcción, todos los caminos tienen un final, sin excepción. Todos terminan con una señal que intuimos significa: tramo sin salida, no hay vuelta atrás.
Por este motivo, y referente a la frase que sirve de título para esta pequeña reflexión, apoyo firmemente que es preciso y estrictamente necesario viajar, andar, rellenar tu vida con múltiples experiencias para ir haciéndote cada día un poquito menos ignorante y llegar a saber cuál es la meta adecuada para nosotros mismos. Nadie mejor que tú mismo sabe lo que quiere hacer con su vida, aunque a veces no nos parezca tan fácil y nítido.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario