sábado, 2 de agosto de 2014

" El jinete de bronce".

22 de junio de 1941, un día como hoy.

“Era un día perfecto. Durante cinco minutos no hubo guerra, y sólo fue un precioso domingo de junio en Leningrado. Tatiana desvió la mirada del helado por un momento y vio a un soldado que la miraba desde el otro lado de la calle.”

El jinete de bronce, Paullina Simons.



Y fue así, como su historia comenzó. Gracias a un helado. ¿Vosotros creéis en el destino? Pues yo, no sé si para bien o para mal, tengo la sensación de que sí estamos destinados. Por ahí dicen que es nuestro, que depende de nosotros, sólo de nuestros actos, puesto que tenemos el poder de decidir sobre nuestra vida, sobre nuestros comportamientos. Pero, ¿sabéis qué? Claro que cada persona puede elegir, con mayor o menor libertad, qué camino seguir, que acciones realizar. Pero todas y cada una de ellas,  quizás por un revés de la vida, nos llevan hacia un objetivo concreto.  Puede que en un determinado momento elijas un camino que se desvía de dicho objeto, pero el propio destino consigue igualmente que lo alcances. "Todos los caminos llevan a Roma". Y es que ese 22 de junio de 1941, Tatiana debería haber cogido un autobús, el cual perdió por pararse a comprar un helado. Parece irónico,cómo un acto tan cotidiano y simple, como es comprarse un helado, puede cambiar absolutamente todo. Entonces, ¿cómo pensar que no existe el destino, cuando por un simple helado Tatiana conoció a Alexander, y todo cambió? Si su destino no fuese encontrarse con él, no habría perdido ese autobús. Quizás sí que se parara a comprar un helado, pero quizás el autobús se hubiese retrasado. Quizás.

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